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dimarts, 19 d’agost del 2014

Los siete mensajeros y otros relatos. Dino Buzzati

Un altre recull de contes del gran Dino Buzzati. El problema (i la sort, cal dir-ho tot) de les antologies, dels reculls, és que hi ha lectures que es repeteixen, contes que ja havies llegit. En aquest recull hi venen incorporats els dos primers contes que li vaig llegir: Pànic a la Scala (Paura alla Scala) i El gos que ha vist Déu (Il cane che ha visto a Dio), un conte, aquest darrer, que no em cansaria mai de rellegir.

Difícil, molt difícil, destacar-ne cap, però aquí en va un molt amarg:

La niña olvidada

La señora Ada Tormenti, viuda de Lulli, fue a pasar unos días al campo, invitada por sus primos los Premoli. Por el pueblo iba y venía mucha gente. Como era verano, la sobremesa de la noche se hacía en el jardín, charlando hasta la una o las dos. Una noche la conversación se refirió a las casas de la ciudad. Había allí un tal Imbastaro, tipo inteligente, pero antipático. Decía:

–Siempre que dejo mi casa de Nápoles, sucede algo, ¡je, je! –continuaba, riendo así, sin motivo; ¿o el motivo era, en cambio, hacer daño al prójimo?–. Salgo, por decirlo así, ni siquiera recorro dos kilómetros, y se sale el agua del lavadero o se incendia la biblioteca por haber olvidado una colilla encendida, o se meten ratas de los barcos y devoran hasta las piedras. ¡Je, je!, o en la portería, la única persona que soporta allí el verano, recibe un golpe seco y por la mañana se la encuentra preparadita para el entierro, con cirios, el sacerdote y el ataúd. ¿No es así la vida?

–No siempre –dijo con gravedad Tormenti–, por fortuna.

–No siempre, es verdad. Pero usted, señora, por ejemplo, ¿podría jurar haber dejado su casa en perfecto orden, no haberse olvidado nada? Piénselo bien, piénselo bien. ¿Exactamente en orden?

A estas palabras Ada se puso del color de los muertos; de repente tuvo un horrendo pensamiento. Para poder ir a casa de los Premoli había llevado a su hija de cuatro años a una tía. 0 mejor dicho, había decidido llevarla. Porque ahora, al volver a pensar en ello, con todo y estar segura de haberlo hecho, no conseguía recordar cómo y cuándo había llevado a Luisella a casa de su tía. ¡Qué extraño! No recordaba ni cuándo habían salido de casa juntas, ni el camino recorrido, ni las despedidas en casa de su tía. Como si en su memoria se hubiese abierto un agujero.

En resumen, la duda era la siguiente: que ella, Ada, se había olvidado de llevar a la niña a casa de su tía y sin advertirlo, al irse, la había encerrado en casa, Era una sospecha absurda; pero la imaginación fabrica a veces cosas muy extrañas. Insensato, de loco, pero bastaba, no obstante, para helarle la sangre en las venas. Con sorpresa la vieron ponerse bruscamente de pie y abandonar la compañía de todos. Uno preguntó a Imbastaro:

–Perdone, pero, ¿le ha dicho usted alguna cosa desagradable?

–¿Yo? Nada de particular, ¡je, je! No comprendo.

Ada entró en la casa y, sin decir nada a nadie, se dirigió al teléfono. Llamó urgentemente a Milán, dando el número de casa. Esperó, retorciéndose las manos.

La comunicación se la dieron casi en seguida. En el acto.

–¿Es usted quien ha llamado a Milán, al 40079277

–Sí, sí.

–Hablen.

–¿Hable?

¿Con quién? Al llamar, esperaba que nadie le respondería. ¿No estaba la casa cerrada y vacía? Si alguien acudía al aparato significaba, por lo tanto, que su primera sospecha estaba fundada, que Luisella se había quedado encerrada dentro. (Aunque apenas tuviera cuatro años, sabía contestar al teléfono). Habían pasado ya 10 días; hacía un calor espantoso y en casa Ada no había dejado ni un bocado de comida. ¡El calor! En los días de la canícula se cuecen los muebles en las casas abandonadas, y se quedan sin aliento los seres vivos, si permanecen en ellas. Ada se sintió morir. Temblando, dijo:

–¡Oiga!

–Diga –dijo desde Milán una voz de hombre.

Y con la velocidad de un relámpago, Ada imaginó lo ocurrido: Luisella, encerrada y sola en casa, incapaz de abrir la puerta, sus gritos, la primera alarma en el barrio, la policía, la puerta forzada, la niña enloquecida de miedo.

–Diga. ¿Quién es? –preguntó el hombre.

–Soy yo, la mamá. Pero, ¿quién es usted?

–¿Qué mamá? ¡Yo no tengo mamá! Se ha equivocado de número.

Y colgó.

Ada volvió a llamar inmediatamente a Milán (pero la angustia había ya cedido). Dio el número exacto, oyó la señal de línea y esta vez nadie le respondió.

Respiró aliviada. Menos mal. ¿Qué estupidez había imaginado? Ante un espejo se puso unos pocos polvos y salió afuera al jardín. La miraron, pero nadie dijo nada.

Sin embargo, cuando se acostó y en la enorme casa de campo se estableció el plúmbeo silencio de la noche y solamente por la ventana entornada entraban las voces de los grillos, volvió a sentir miedo. En aquella hora imaginó a la niña, muerta de calor y de hambre que, de rodillas, agarrada al pestillo de la puerta y con los ojos desorbitados, lanzaba sus postreros lamentos. Pensó que, en el peor de los casos, alguien debía de haber oído sus gritos. Otra voz, pérfida, objetaba: si alguien la hubiese oído, ya la habrían socorrido; ya han pasado 10 días y a estas alturas te habrían avisado. Pudo ocurrir también que los pisos contiguos estuvieran desocupados en este período de vacaciones. La portera, cinco pisos más abajo, ¿qué podía oír?

Miró el reloj, eran las cuatro. A las seis salía un tren. Ada saltó de la cama, se vistió, hizo la maleta. Acaso empieza así la locura, se dijo. Pero no podía contenerse.

Dejó una nota excusándose, Cautelosamente salió, abrió la puerta del jardín y se dirigió a la estación. Había cuatro kilómetros de camino.

Cuanto más avanzaba él tren, mayor era su angustia. Llegó a Milán hacia las tres de la tarde. La ciudad ardía en un halo de polvo tórrido y húmedo. Balbuceando, dio al taxi la dirección.

¡Por fin, su casa! No se notaba nada anormal. Las persianas del piso estaban todas bajadas, como las había dejado días antes.

Pasó corriendo ante la portería. La portera le hizo el acostumbrado saludo. Bendito sea Dios, pensó Ana. Ha sido todo una pesadilla, nada más.

Silencio y quietud en el rellano del quinto piso. Pero, ¿por qué temblaba tanto su mano al introducir la llave en la cerradura? Se descorrió el pestillo. Al abrirse la puerta, salió un vaho caliente y denso.

De pronto, cuando abrió la puerta interior, Ada sintió en el pecho un nudo doloroso; porque, un poco por encima de su cabeza, flotó, ansioso de huir, un pequeñísimo e incomprensible humo, una minúscula nubecilla, oblonga y pálida, que no despedía olor.

Corrió a la ventana del recibidor, abrió los postigos y se volvió.

Sobre el suelo, a dos metros de ella, se veía algo, como una larga y recortada mancha, pero de notable espesor. Se acercó, la tocó con el pie. Cenizas. Estaban esparcidas uniformemente como formando una especie de dibujo. Aquel nudo que tenía en el pecho se hizo fuego, infierno. Las cenizas tenían exactamente la forma de Luisella.

dimecres, 30 de juliol del 2014

El colombre y otros relatos. Dino Buzzati

Una nova tongada de contes del gran escriptor italià. Com és habitual en ell, amb una barreja agredolça de lleu pessimisme respecte de la condició humana i suau cristianisme redemptor.

Açò ho podem comprovar, entre d'altres contes, amb el "Viatge als inferns del segle", on ens narra l'experiència d'un reporter que accedeix a l'infern a través d'una porteta trobada fent una nova estació de metre a Milan.

O amb el magnífic "L'ou" on podem assistir a la irresistible força desencadenada a través d'una mare en defensa de la seua filla.

Tot i que m'ha semblat una mica irregular -alguns dels contes són excessivament didàctics- recomanable sempre i sens dubte.

dimecres, 23 de juliol del 2014

El desierto de los tártaros. Dino Buzzati.

Sens dubte la novel·la més kafkiana de Buzzati, i no precisament en sentit pejoratiu. D'alguna forma em recorda El procés. Un militar acabat d'eixir de l'acadèmia és enviat a una guarnició quasi desconeguda a la frontera nord. Davant d'ella el desert. Un desert per on, conten les llegendes, fa anys i panys campaven els tàrtars. Una frontera on ningú espera res, però que tanmateix alimenta les il·lusions dels militars allí destacats. Teòricament, només hi van voluntaris. Teòricament, qualsevol se'n pot tornar a la ciutat quan vulga. I, el nostre protagonista, Giovanni Drogo, anirà passant el temps en un continu dubte, sempre esperant. Fins que un dia, quan ja ningú no ho espera, quan ja és vell i malalt, l'inesperat es produeix.

Una petita joia.

dimarts, 15 de juliol del 2014

Las noches difíciles. Dino Buzzati

Magnífic llibre de contes, o llibre de magnífics contes -com tots els de Buzzati, o quasi-. En aquest llibre, a diferència d'altres col·leccions de contes que he llegit d'ell, trobe certes agrupacions: Soledades, Inventos, Progresiones, amb exemples d'antologia.

Una delícia.

dimecres, 9 de juliol del 2014

El secreto del bosque viejo. Dino Buzzati

Un conte llarg, com diuen els francesos, una nouvelle, no tan infantil, però, com La famosa invasió de Sicília pels ossos, més semblant al Petit príncep, diria jo.

Un estricte coronel de cinquanta anys hereta, junt amb un nebot de deu, un antic bosc d'arbres mil·lenaris, on encara hi viuen els esperits, els ocells parlen, i els vents amenacen uns i altres amb tronades i divulguen les notícies.

El coronel allibera i s'alia amb un vent, que els esperits havien tancat fa molts anys, per matar el seu nebot.

Però ni el vent és ja el que solia, ni tampoc el coronel, tot i que cap dels dos no vol reconèixer-ho. I molt menys en presència de l'altre.

Un llibre per llegir, vora foc, i en veu alta, als nostres nets.

dijous, 3 de juliol del 2014

La famosa invasión de Sicilia por los osos. Dino Buzzati

Un conte infantil amb uns dibuixos preciosos fets pel mateix autor. Ossos, homes, ogres, gats gegants salvatges, porcs senglars fent part de l'exèrcit, caçadors dolents, serps de mar, fantasmes i un màgic que no és gaire bo, però que acaba redimint-se...

I la decadència moral induïda pels diners fàcilment guanyats. I la traïció. I el retorn a la vida senzilla.

Com dic, un conte infantil simpàtic, senzill, moralista. I molt menys cruel que els clàssics per molt edulcorats que ens els hagin volgut presentar.

Recomanable per a pares amb nanos de guarderia. I per a tots aquells que, independentment dels anys que tinguin, encara no hagin abandonat la infància.

dissabte, 28 de juny del 2014

Un amor. Dino Buzzati

Si hagués de subtitular aquesta novel·la de Buzzati diria:"Un enamorament d'adolescència a cinquanta anys complits". O potser "Model de Kübler-Ros aplicat a l'enamorament no desitjat". Perquè d'això precisament parla, de l'enamorament gradual d'un burgès ja granat, matxutxo en diríem al poble, envers una joveneta de vida lleugera, per no qualificar-la directament de prostituta, que li fa passar les de sant Amaro.

Com gran part dels personatges d'en Buzzati, el punt ridícul que indubtablement té, queda totalment oblidat per la humanitat amb que l'autor ens el mostra, per la compassió, l'empatia que sentim cap a ell.

I al llarg de la novel·la el veiem deambular seguint el procés magníficament descrit per Kübler-Ros per al dol:

Negació: No estic enamorat
Ira: Per què m'afecta tant si no n'estic enamorat?
Negociació: Establim un vincle econòmic de relació que ens deixi lliures
Depressió: Això tampoc no em serveix.
Acceptació: Les coses són com són.

Una gran novel·la, amb un tema que se n'ix dels seus habituals.

Absolutament recomanable.

dimarts, 24 de juny del 2014

El gran retrato. Dino Buzzati

Sóc fan de Buzzati des dels disset anys quan, setembre del 1968, a un quiosc de l'estació de tren de Granada, camí d'Almeria, vaig comprar un llibre de butxaca de la col·lecció "Clásicos del siglo XX" titulat "Pánico en la Scala - El perro que ha visto a Dios". Llibre que, per cert, he comprat i perdut diverses vegades (la pantanada del 82, i algun amic que no me'l tornà mai) fins que va quedar descatalogat.

Tornant a l'últim relat d'ell que he llegit, El gran retrat, una nouvelle com diuen els francesos, una narració entre el conte i la novel·la, m'ha semblat esplèndid. Una revisió del mite de Frankestein que, n'estic segur, hagués entusiasmat a Mary Shelley.

Magnífic.

dilluns, 23 de juny del 2014

Bárnabo de las montañas. Dino Buzzati

Una narració curta del gran escriptor italià amb un argument senzill i casolà. Un grup de guardaboscos és l'encarregat de vigilar la polvoriera, una caseta on hom desa els explosius per construir una carretera de muntanya fa temps abandonada per manca de pressupost. Bàrnabo, un d'ells, és testimoni casual de l'atac d'uns bandits i, paralitzat per la por, no hi fa res per impedir-ho. Tot i que ningú ho arriba a saber, sí que és expulsat del cos, per no haver-hi estat al seu lloc. Passats els anys, i havent tornat del pla a la muntanya, se li presenta l'ocasió d'esmenar aquella antiga falta. No ho farà però. I, precisament aquesta omissió de venjança que, com fa anys, ningú tampoc no sabrà, el redimirà per fi i el reconciliarà amb ell mateix.

dijous, 26 de novembre del 2009

Les nits difícils. Dino Buzzati

Sóc un enamorat dels contes de Buzzati, des que, a l'estació de Granada, un llunyà octubre del 68, vaig comprar per a llegir en el tren, un llibre de butxaca, crec recordar que de Bruguera, edicions B, o alguna cosa similar, titulat "Pánico en la Scala y El perro que ha visto a Dios"

Em va enlluernar la seua barreja entre Kafka i Borges.

Diversos prèstecs a amics, i alguna que altra riuada, em deixaren sense aquells rebregats i rellegits llibres de butxaca que, més tard, quedaren descatalogats.

Així que em vaig endur una gran alegria quan, fa uns anys, a la fira del llibre, vaig trobar "Seixanta contes", volum que contenia bona part dels relats, entre els quals el mític "El gos que va veure Déu".

Ara, he acabat de llegir "Les nits difícils" Un recull de 51 contes escrit i publicat poc abans de la mort de l'autor, on ens torna a delectar amb la seua prosa tan periodística i neta -Com defenia el gran Josep Pla l'esplèndida escola d'escriptura que el periodisme significa!-

Més obscurs, més trists de l'habitual en ell, potser no tots a l'altura esperada, però amb alguns d'ells genials, colpidors.

Com aquest "El detergent" del relat "Progressions":

"Disculpi'm senyora l'hora que és només serà un minut per desgràcia per nosaltres els fabricants no hi ha horaris sempre escales amunt i avall no li repeteixo senyora només un minut una petita demostració senyora es tracta d'un nou detergent realment revolucionari per favor no s'enfadi senyora un detergent gegant ah ah vostè també se sorprèn totes se sorprenen ah ah gegant no per les dimensions evidentment senyora al contrari n'hi ha prou amb una miqueta una miqueta li dic molt bé senyora té alguna peça de roba per rentar? Si ens ho permet podem fer la prova a la cuina o la lavabo miri senyora vostè està realment una mica nerviosa oh permeti'm senyora sí sí sí estigues quieta dolça nina estigues quieta i deixa't fer no no cridis pel que més vulguis no cridis així així ara ja no cridaràs més nena va mou-te et dic ara què et passa? Mare de Déu què he fet?"

O el conte "L'ermità" on un sant eremita és convençut per fra Basilio, un dimoni disfressat de confessor, de que la mortificació de l'ànima a través del pecat és el millor camí per arribar al cel. Quan, després d'una vida de cràpula, violacions i crims, sota capa de santedat, finalment atrapat i condemnat, el botxí li talla el cap a l'ermità, aquest se n'adona del seu error, es penedeix al darrer moment, i se salva.

Buzzati acaba el conte, però, amb aquest paràgraf que ens mostra perfectament el seu tarannà:

"Aleshores el que s'havia fet passar per fra Basilio va fugir obrint-se pas a empentes entre la multitud. Havia triomfat en una empresa fins aleshores mai duta a terme en la història del món. En l'empresa, per a un diable, més deshonrosa i absurda de totes: la de portar un home a la glòria de Déu a força de pecats immunds."

-Diantre -imprecava-, doncs, és veritat: els camins del Senyor són infinits."

Absolutament recomanable.